Viaje en tren al mundo de Wes Anderson.
Por Ramón Edgardo Ávalos Cuenca
Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited. EUA, 2007) cuenta la historia de Francis, (Owen Wilson) obsesivo y controlador; Peter (Adrien Brody) a punto de ser padre y Jack Whitman (Jason Schwartzman) que acaba de cortar una relación amorosa y tormentosa: tres hermanos que tienen su relación familiar fracturada. Su padre ha fallecido y se sienten abandonados por su madre, quien desaparece de sus vidas convirtiéndose en monja y misionera. Los tres hermanos se sienten perdidos.
Francis, el mayor, invita a sus hermanos a un viaje espiritual a bordo de un tren llamado Darjeeling Limited, el cual hará un largo recorrido por la India, lleno de contratiempos inesperados para los tres protagonistas.
Viaje a Darjeeling es una comedia que juega con el subgénero de “Road Movie” dirigida por Wes Anderson y coescrita por Roman Coppola y por el protagonista Jason Schwartzman, equipo creativo que caracteriza a las películas del director. El humor refinado y negro impregna toda la película, como un ingrediente reconocible de las películas de Anderson. Al igual que los personajes caricaturescos y extravagantes, que se expresan con diálogos que juegan entre lo intelectual y lo literal.
La India de Anderson es fotografiada por su recurrente cinefotógrafo: Robert D. Yeoman.
Yeoman ha hecho de su trabajo uno de los sellos distintivos de las películas de Anderson, que se repite una y otra vez en cada escena a través de su lente angular:
- Planos largos y sin cortes usando excesivamente el paneo, en un movimiento acelerado de 90 grados que dibuja ante nuestros ojos acciones paralelas en un mismo espacio, en ocasiones llegando a mostrarnos cuatro escenarios con sus elementos acomodados en una perfecta simetría.
- Nuevamente planos largos y sin cortes, esta vez abusando del travelling en un exagerado movimiento horizontal, donde los personajes (encuadrados en plano general) caminan frente a la cámara mostrándonos todo el escenario, conservando su espacio previamente asignado en el encuadre, pareciendo que estos en ningún momento se mueven y lo que es dinámico en la pantalla es el escenario con acciones paralelas al fondo. Son escenas ópticamente bidimensionales.
- Primeros planos en una perfecta simetría, muchas veces en un dramático picado, utilizado para mostrarnos los detalles del mundo donde se mueven los personajes, interpretados por actores recurrentes en las cintas del director.
- Por último, el uso del color como sello distintivo, donde de una manera impresionista se evita la mezcla de colores y tonalidades. El mundo de Anderson prácticamente está pintado en colores primarios: azul, rojo y amarillo. Este último siendo el color que más prevalece, claramente sello de Anderson (sólo hace falta verlo):
Esta clave de color sólo se rompe al momento de viajar al pasado, donde hay un acomodo distinto de los colores primarios, con una ascendente en el rojo y el azul coqueteando con el negro.
Lo que personalmente más me impresionó del trabajo de Yeoman y Anderson en “Viaje a Darjeeling”, es cómo pudieron transportar los elementos mencionados, tan distintivos y tan cuadrados, a un escenario tan aparentemente no ordenado y poco simétrico como es la India, mostrándonos su belleza pero en un estilo nunca antes visto en otras películas donde se retrata a dicho país.
Viaje a Darjeeling es una película disfrutable para todo público, con un humor fino y accesible que no peca de vacío ni de vulgar. Nos permite hacer turismo desde la sala de nuestra casa a la India y al mundo de Anderson, que sin duda es un lugar al cual todo fan del director espera regresar en cada nueva entrega.
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